Sobrevolando la Tierra del Fuego

Mi primera visita a la isla fue en 2013 y desde ese entonces supe que iba a volver. No una sino varias veces…

Segunda vez en el Fin del Mundo. Segunda vez en suelo fueguino.

Volvía por varias razones. Una de ellas: realizar actividades que habían quedado pendientes en la primera visita; la más ansiada era navegar en crucero por los canales fueguinos y llegar el mítico Cabo de Hornos (aventura que escribiré más adelante).

Otra de esas actividades era sobrevolar la isla en helicóptero. No importaba cuánto, tenía que subirme a un Robinson 44 para ver el Fin del Mundo desde lo alto, como sus aves.
La idea inicial era tomar un sobrevuelo de 30 minutos y hacer un descenso en el Cerro Le Cloché, en las últimas estibaciones de la Cordillera de Los Andes. Lamentablemente esto no sucedió dado que tiene que existir un mínimo de dos personas para realizar el vuelo. Al viajar solo y por el costo que significaba realizar esta actividad solo rogaba que al menos una persona más se anotara mientras estuviera en Ushuaia. Dejé mi contacto y disponibilidad para que me avisen. Si no era el sobrevuelo de media hora, el de quince minutos no me iba a disgustar en absoluto, aunque no incluyera el descenso.

Último desayuno en el crucero, la travesía terminaba a su fin… pero otra iba a comenzar.
Ni bien bajé recibí la llamada esperada: ‘Estás disponible hoy para tomar el vuelo de 15 minutos?’ Con una emoción disfrazada de tranquilidad y conteniendo la alegría contesté con un: ‘Claro, SI! A qué hora?’ Arreglamos el horario y pasaron a buscarme por el hostel para ir hasta el antiguo aeropuerto de Ushuaia que hoy funciona como el aeroclub de la ciudad.

Con una cálida bienvenida me invitaron a pasar a un salón para ver un video introductorio y sobre las normas de seguridad a tener en cuenta.

El helicóptero nos esperaba (volé junto a una pareja de croatas), las hélices ya estaba en movimiento. Y como a cualquier fanático del cine le hubiera pasado, me sentí en una película taquillera, claro; esas donde el protagonista sube raudamente al vehículo mientras se escucha un “Go, go, go!” – los tipos malos se acercan y escapar en helicóptero es la única salida. Viene a mi mente también una de las mejores escenas de la película The secret life of Walter Mitty (pueden ver la escena en el siguiente link), muy relacionada con el concepto de Desnortados.

El resto fue magia. El despegue. Las hélices girando. La vista de la ciudad, el Canal Beagle, el Valle de Tierra Mayor, la Laguna Esmeralda, los últimos picos de la Cordillera de los Andes como el Monte Olivia y Cinco Hermanos.

La vista se agudiza, la piel se eriza, los oídos se ensordecen.
Por momentos, el ave sos vos. Cerrás tu mundo, sos libre. Volás, volás y seguís volando. Sos insignificante y a la vez infinito.

Si tuvieras alas? Dónde estarías hoy?

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